La diferencia esencial

Trabajar por objetivos significa que el foco está principalmente en llegar a un resultado previamente definido:

“Quiero conseguir X clientes.”
“Quiero facturar X.”
“Quiero llenar el curso.”
“Quiero crecer.”
“Quiero reconocimiento.”

El resultado externo se convierte en la medida del éxito.

Trabajar por satisfacción personal significa que el foco está en cómo estás viviendo y desarrollando aquello que haces:

“¿Estoy haciendo un trabajo que tiene sentido para mí?”
“¿Estoy satisfecha con cómo acompaño a mis clientes?”
“¿Estoy creciendo yo mientras desarrollo mi proyecto?”
“¿Estoy orgullosa de lo que estoy construyendo, aunque todavía sea pequeño?”

Aquí el resultado externo importa, pero no es el único indicador de valor.

Hay una diferencia entre trabajar para conseguir algo y trabajar porque lo que haces ya tiene valor para ti.

Cuando trabajo por objetivos, mi mirada está puesta en el lugar al que quiero llegar. Y si no llego, puedo sentir que he fracasado.
Cuando trabajo desde la satisfacción personal, mi mirada también está en el camino: en lo que aprendo, en lo que aporto, en las personas a las que acompaño y en la satisfacción de saber que estoy haciendo algo que tiene sentido para mí.

No significa dejar de tener objetivos. Significa dejar de utilizar los objetivos como medida de mi valor.

Porque puedo no haber conseguido todavía el resultado que esperaba y, sin embargo, estar profundamente satisfecha con lo que estoy haciendo.

Y también puede ocurrir lo contrario: conseguir mucho por fuera y sentirme vacía por dentro.

 

“No quiero construir un proyecto para demostrar quién soy. Quiero construirlo para expresar quién soy.”

 

Eso marca muy bien la diferencia entre éxito externo y satisfacción interna.

Mi objetivo no es ser más grande.
Mi objetivo es hacer cada vez mejor aquello que para mí tiene sentido.

Si eso crece, maravilloso.
Si llega a más personas, maravilloso.

 

Pero el crecimiento es una consecuencia, no la razón por la que hago lo que hago

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